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lunes, 13 de abril de 2009

LAPÍZ VERDE:

Huatulco ¿relanzamiento sustentable?

Floriberto Vásquez Ruiz*

Desde que existe la idea de un México partido en tres; el sur, el centro y el norte, los proyectos de “desarrollo económico” generalmente se han inclinado hacia los dos últimos. Sin embargo, en las últimas tres décadas del siglo XX, los reclamos de los estados del sur se acentuaron y con ello, se buscaron estrategias basadas en la potencialidad de la región. El turismo se convirtió en una actividad prometedora.
A finales de 1970´s y principios de 1980´s, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) creó dos Centros Integralmente Planeados en dos estados meridionales; Cancún en Quintana Roo y Huatulco en Oaxaca, respectivamente. El primero de ellos acertó en el éxito, pronto se convirtió en el mediterráneo mexicano al servicio de europeos y cruceristas americanos, su lanzamiento como destino turístico no fue tan golpeado, por varias razones. No obstante, el segundo es un caso que requiere algo de profundidad.
La expropiación de tierras fue el primer embate. Para muchos, este hecho representa por un lado claramente la exclusión de los propios lugareños en el modelo de desarrollo promovido por FONATUR. Por el otro, constituye una privación de los derechos de los oaxaqueños por aprovechar sus propios recursos naturales, al poner en manos del capital privado la riqueza de sus playas. Ni siquiera aseguraron la inserción de la gente desplazada, en las estadísticas de empleos de baja categoría generados a partir de la infraestructura turística y otros.
El éxito de Huatulco previsto a mediano y largo plazo, no ha cumplido con las expectativas de lugareños, tampoco de inversionistas. De ello hay varias muestras; fuga de empresas como Club Med, Sheraton, y recientemente el hotel Gala, entre otros, de categoría internacional. Asimismo, los altos costos de viaje provocado por el monopolio en el transporte aéreo no propició la llegada de corrientes turísticas del extranjero.
Ente éste escenario, a finales de los 1990´s y principios del 2000, la experiencia de Huatulco fue sujeto de un análisis global por el FONATUR. En síntesis, se aceptó el fracaso y se reconocieron los errores cometidos en éste destino, no obstante, la dependencia se preparó para emprender su relanzamiento, también llamado el “renacimiento de un gran destino”. Es importante dimensionar que al utilizar el término renacimiento, la dependencia dirigida anteriormente por John Macarty, aceptó que Huatulco murió, que se abandonó y que necesitaba abrirse a otros mercados.
En esta evolución, hemos sido testigos de la pretensión premeditada de insertarse un mercado diferente, que pretende hacer de Huatulco un destino diferente, con valor agregado. Dos son las líneas estratégicas; a) consolidarlo como un destino de turismo nacional en atención al sustento de las estadísticas que esta vez no fueron ignoradas, mismas que a la vista de todos los huatulqueños señalan claramente la importancia superior del turismo nacional sobre el extranjero, b) como la mayoría de los destinos planificados por FONATUR, fueron y han sido creadas para el mercado internacional de Sol y Playa, no desistieron de ello, por su parte modificaron la estrategia; crear un corredor turístico como ya había sucedido con la Rivera Maya y Cancún, la Escalera Náutica y Los Cabos y Loreto, de igual forma Ixtapa y Acapulco.
A diferencia de estos ejemplos, Huatulco tendría que ser único por sus múltiples complejidades políticas, económicas y sociales; sí, sería un destino “sustentable” y por ende, el desafío muy enorme. Primero, en 2004 FONATUR realizó el estudio de factibilidad para el corredor turístico Huatulco-Lagunas de Chacahua, el cual en 2005 finalizó y entre las principales acciones inmediatas serían, construir autopistas desde la ciudad de Oaxaca, ampliación de la carretera costera, proyectos de turismo alternativo, incrementar los vuelos desde los principales estados; Distrito Federal, Estado de México y Monterrey.
Sin embargo, como habría que proyectar la imagen “verde” al mundo, el gobierno federal de manera anticipada preparó el escenario. La declaratoria en 1998 de un Área Natural Protegida en cierta porción de tierras aún no desarrolladas, para realizar turismo de bajo impacto, ya tenía ese fin. Aunque es innegable la riqueza biológica de lo que ahora se conoce como Parque Nacional Huatulco, es evidente su doble propósito, constituirse como blindaje para evitar la restitución de tierras a los comuneros, a falta del desarrollo prometido en algunas partes del polígono expropiado. De paso, recalcaron que las comunidades son destructores de entorno ecológico e incapaces de desarrollar actividades disociadas a la Tumba, Roza y Quema.
Pero, afianzar la entrada al mercado verde, Huatulco necesitaba lograr una certificación internacional, el cual ya ostenta actualmente, uno llamado Green Globe 21. Desde haber logrado esta distinción, en el marco del renacimiento se han sumado más esfuerzos pero no por convencimiento, sino, por padecer durante años un estancamiento de sus inversiones.
Sin embargo, las clausuras de obras, entre ellas una de FONATUR, realizadas por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) entre Diciembre del 2008 y Febrero del presente año, han evidenciado varias irregularidades observadas desde tiempo atrás, sobre todo en materia de impacto ambiental.
Con estas acciones, por un lado se deja entrever la escasa importancia y valor que se le da a una certificación internacional en materia de turismo sustentable, por la otra, el relanzamiento “recargado” no está del todo claro y se demuestra con falta de sinergia entre las diferentes instituciones. Es pues, Huatulco la cuna que arrulla la no sustentabilidad, al incumplimiento de la normatividad ambiental de manera clara, visible, tangible, que se siente, más cuando derriban arboles de un ecosistema único. Pero también, es un punto donde aún se tiene la oportunidad de ser sustentable, el lugar único en Latinoamérica que se dice ser, donde se logre un reencuentro entre el arte, la vida, el ocio y la naturaleza.
Pese a que existe una amplia aceptación de lo sustentable, no se observan acciones coherentes para hacerla operativa. Otro ejemplo del alto costo ecológico del relanzamiento, es la integración de Huatulco en el circuito de cruceros. Estos hoteles flotantes de gran calado, desplazan sedimentos hacia la playa La Entrega, rellenan los bancos de coral y poco a poco su destino es la extinción. En el mejor de los casos, podemos suponer que esta situación es desconocida, pero si se está ignorando, esa indiferencia de las autoridades asociada a la inquietud de traer cada año más cruceros, es una factura en blanco que la naturaleza cobrará no a los turistas, sino, a los huatulqueños y a los oaxaqueños.
En materia social, la especulación de tierras ofrecidas por FONATUR al municipio también habla de los intereses económicos. La venta cuestionable de Lotes para viviendas de asistencia social, los asentamientos irregulares, la falta de servicios urbanos en los mismos, constituyen cinturones de pobreza que contrastan con lujosos hoteles de Tangolunda y las inversiones elevadas destinadas recientemente a Maguey, Cacaluta, etc.
La desigualdad con que Huatulco pretende relanzarse, aunado a los fehacientes antecedentes de falta de voluntad política de los tres niveles de gobierno, escasa seriedad por hacer de éste destino un sitio diferente, harán que el ya “prostituido” termino relanzamiento o renacimiento se quede inerte y para quienes gustan de soñar, seguirán dormidos mientras esto sucede.
Para muchos inversionistas y lugareños, incrementar los cruceros, los vuelos, disminuir el tiempo de llegada a través de una autopista, garantizan un relanzamiento exitoso. Eso es cierto, pero en esa visión solo observan los beneficios económicos y dejan de lado, las implicaciones sociales, ambientales y culturales.
No olvidemos que aún las playas de Huatulco son consideradas las mejores del pacífico y, sus alrededores se encuentran vírgenes o en su caso, rescatables. No hay necesidad de recorrer el mismo camino de Cancún (el mejor caso para ejemplificar la degradación social, cultural y ambiental producto del turismo), por el contrario, hay que alejarse de esa idea, y a tiempo estamos. De lo contrario, en unos años pocos turistas recordarán Huatulco.
Para lograr un renacimiento integral e incluyente, se necesita más que tomarse la foto, es necesario dedicar tiempo, esfuerzo, se requiere más que voluntad. Para dar respuesta a tantos años de espera, se requiere trabajar con responsabilidad entre la sociedad civil y gobierno, aunque sea vista como pérdida de tiempo, al menos hay que intentarlo.

*Consultor en medio ambiente, desarrollo sustentable y ecoturismo, Premio Nacional de la Juventud Indígena 2008 en la rama de conservación y aprovechamiento de los recursos naturales.
floribertov@gmail.com

domingo, 22 de marzo de 2009

Flexibilidad de la ley ambiental en Huatulco

Floriberto Vásquez Ruiz

Entre diciembre del 2008 y febrero de este año, inspectores de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) realizaron visitas de inspección a construcciones turísticas de Huatulco, uno de los centros turísticos planeados por el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).
Según un boletín emitido por Profepa el 24 de febrero de 2009, siete de ellos fueron clausurados temporalmente por haberse realizado sin la autorización previa de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), tanto en materia de Impacto Ambiental, como de cambio de uso de suelo forestal y de Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat).
Ante este hecho, varias fueron las voces que se inconformaron, inclusive hasta los trabajadores de la construcción manifestaron su rechazo en virtud de suspender sus fuentes de empleo. Sin embargo, la raíz de esta situación puede entenderse según la perspectiva de cada quien, la cual puede abrir un debate tan prolongado como se desee; inclusive, se presta como una acción coyuntural para desencadenar y revivir el eterno reclamo del anhelado renacimiento de Huatulco, según un imperativo para el gobierno de Felipe Calderón.
No obstante, la suspensión de la obras obedece claramente al incumplimiento de la normatividad ambiental por parte de varios inversionistas, quienes siguieron el ejemplo del Fonatur, instancia a la cual le clausuraron la carretera de La Crucecita-Santa Cruz por no contar con una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA). Por este concepto, el la dependencia que dirige Miguel Ángel Gómez Mont fue multada con un millón 600 mil pesos.
La infracción cometida por el Fonatur en el contexto actual no es nada oportuna y menos las declaraciones hechas por el director regional de esta dependencia en Huatulco, el cual menciona que “No se estaba aplicando la ley, de repente la comienzan a aplicar… Esto trastoca con el relanzamiento de Huatulco, sin embargo está la ley y hay que cumplirla”.
Con lo anterior, significa que desde sus inicios, Huatulco ha sido un destino que viola la ley ambiental. Aunque existen estudios técnicos y científicos que lo han evidenciado, el pago de una multa por degradar ecosistemas debe entenderse como una muerte en “abonos chiquitos”, de un destino que se dice sustentable. A su vez, significa que “vale más pedir perdón que pedir permiso” pero, ¿no son las instituciones los primeros en cumplir la ley, para poderle exigir su cumplimiento a la sociedad? Si tomamos en cuenta que la Ley General de Equilibrio Ecológico y de Protección al Ambiente (LGEEPA) se promulgó en 1988, al día de hoy son 21 años de que la ley no es aplicable no sólo en Huatulco.
Aunque los inversionistas constantemente se quejen de los altos costos de los trámites, es importante recordar que la ley tiene un carácter restrictivo más no prohibitivo, por ello, es imperante velar por su aplicación y su cumplimiento por el bien de todos y todas. Esto implica que toda obra debe realizarse con apego a la normatividad. Además del “desconocimiento de la ley” por parte de los inversionistas y también del Fonatur, la suspensión de obras turísticas evidencia la necesidad de capacitar a las autoridades locales sobre la normatividad que deben cumplir los inversionistas, más cuando se trata de obras en zona federal. Toda esta información debe estar contemplada en el Plan Maestro del centro turístico de Huatulco.
Aunque ya sabemos que el renacimiento es prioritario, también es necesario hacer operativa la palabra “sinergia institucional”, más al tratarse de obras que traen beneficio social y económico a uno de los estados más pobres. Asimismo, no hay que excusarse en que a falta de la aplicación de la ley o el desconocimiento de su existencia no se investigue sobre las cuáles debemos cumplir. También, es inoportuno esperar a ver quien quebranta la ley ambiental con el único fin de gestionar multas para incrementar el ingreso, eso es falto de responsabilidad de la Semarnat, quien debe prevenir y coadyuvar en el manejo sustentable de los recursos naturales.
Desde luego, todos somos culpables pues los ciudadanos debemos actuar como protagonistas y no como simples espectadores. Lo más importante es, no seguir abonando esa cultura que violenta la aplicación de las leyes, menos cuando son propiciadas por las propias instituciones, por el contrario, como institución se debe poner el ejemplo en cómo cumplir las leyes. No nos extrañe en el futuro observar a quienes se escuden en el “si Fonatur desobedece, porque nosotros no”, hay que recordar que de la aplicación de la ley sin distinción, depende un estado más democrático, más justo.

**Premio Nacional de la Juventud Indígena 2008 en la rama de conservación y aprovechamiento de los recursos naturales.
floribertov@gmail.com

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Aparecen más de 350 tortugas muertas en playas oaxaqueñas

Patricia Pacheco
Alrededor de 350 tortugas de la especie golfina fueron encontradas muertas el pasado lunes a la orilla de las playas Zipolite y El Panteón –ésta última perteneciente a Puerto Ángel- . Ante ello, investigadores del Centro Mexicano de la Tortuga determinaron que tales decesos pudieron deberse a la acción de redes de pesca o a los cambios en las corrientes marinas y el alza de la marea.
“(En el CMT) tenemos dos hipótesis: la primera, que están utilizando redes para pescar durante la temporada de nacimiento de tortugas, por lo que esas tortuguitas entran en el trasmallo (de los pescadores), y a la hora de recogerlo se liberan y las corrientes las llevan a las playas. La otra porque analizamos las corrientes y las mareas; las tortuguitas aparecieron el lunes, y checando la tabla de mareas, nos dimos cuenta de que este día tuvimos marea alta, por lo que pudo ser que las olas subieran bastante y esas tortugas fueran arrastradas”, informó Manuel Rodríguez Gómez, director del CMT.
Luego de una serie de denuncias públicas realizadas por habitantes de la comunidad Zipolite en torno al hallazgo de los quelonios, personal del CMT recorrió las principales playas delos municipios de Pochutla y Tonameca para cerciorarse de la cantidad de tortugas que habían sido encontradas en tales circunstancias, teniendo como resultado; poco más de 300 en Zipolite; 50 en la playa del Panteón (en ambos casos, crias); tres en Playa Aragón, y una en San Agustinillo –adultas-. A lo anterior se agregan las cuatro adultas halladas y enterradas previamente en Zipolite por los pobladores.
Rodríguez Gómez señaló que debido al estado de descomposición no fue posible realizar la disección de los quelonios, por lo que fueron enterradas.
Adicionalmente, dijo, se dio aviso a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) para que ellos realicen su propia investigación y seguimiento a los decesos.